La pizza de los jubilados (09/06/2024)

Los jubilados han sido constantemente el botín de guerra de todos los gobiernos en Argentina.

Ya en la década ganada – que con suerte fue la década empatada – Cristina Kirchner pasó definitivamente a la historia el viejo mecanismo del 82% móvil.  El nuevo sistema se fue consolidando, al punto que por estos días dos de cada tres jubilados cobran la mínima, que es el 82% de casi nada.

Después Mauricio Macri y más adelante Alberto Fernández, se dedicaron a modificar la fórmula de actualización, con el nada oculto objetivo de achicar el “gasto” previsional que ya recaía fuertemente en las cuentas públicas, ya que nunca fue repuesto el aporte patronal que quitaron Menem y Cavallo en los 90 y para colmo de males, el aporte de los trabajadores activos también se redujo al proliferar el imperio del negreo.

Ahora Javier Milei puso al mango su licuadora antiobrera.  Con el déficit fiscal como bandera y en apenas seis meses seis, perpetró un verdadero asalto al ingreso de los jubilados.

Motochorros

Seguime con unas pocas cuentitas y vas a ver cómo se configura el asalto que sucedió ante nuestros ojos.  El mecanismo no te va a sorprender, claro, ya lo conocés, pero los números son brutales.

En noviembre un jubilado con la mínima cobró $ 124.460 – que ya era casi nada – y después vino, de la mano de Milei y de Caputo, la gigantesca devaluación que empujó todos los precios para arriba, hundiendo todos los ingresos fijos.

Como verás en la gráfica que agrego más abajo, las jubilaciones zafaron del temporal de diciembre porque se cobró el aumento trimestral de la ley de movilidad anterior, pero a partir de enero empezaron a perder y a montones.

 Mirá el gráfico.

Como verás, en la primer columna está lo que cada mes cobró un jubilado que recibe la mínima.  En la segunda, cuánto tendría que haber cobrado para tener el mismo poder de compra que en noviembre de 2023.  La tercer columna muestra cuánto fue que sacrificaron cada mes en el altar del superávit fiscal.

La suma de esa tercer columna muestra que a cada jubilado de la mínima (a los otros les robaron más todavía) le dejaron de pagar casi 135.000 pesos.  

Todavía se consiguen algunos celulares por esa plata, así que podríamos decir que si se afanaron seis millones de celulares, bien se podría afirmar que este gobierno es algo así como una banda de motochorros exitosos, muy pero muy exitosos.

Menos jubilados

Pero no están conformes.  

Van por todavía por más y como no alcanza con abaratar las jubilaciones, hay que bajar la cantidad de jubilados que las cobran, así que para seguir el rally delincuencial, la Ley Bases prevé que no se jubilen más los que no tienen suficientes aportes, o sea, si no trabajaste treinta años en blanco fuiste, no te jubilás.  A lo sumo te toca la PUAM, que se consigue recién a los 65 años y que es el 80% de una jubilación.

El objetivo de este rechazo a casi todos los aspirantes a jubilados – nueve de cada diez mujeres y siete de cada diez hombres no podrán jubilarse si se aprueba la ley – ha sido ejemplificado con el reparto de una pizza por una de las panelistas de Crónica TV.

En realidad, esta metáfora de la pizza apareció en forma de pregunta realizada por Deborah Kahan a la dirigente del PTS y el Frente de Izquierda, Miryam Bregman, pero después fue traducida en un tweet por la entrevistadora: “El trabajo en negro no contribuye al sistema de reparto. Es por eso, que si de una misma caja se reparten más jubilaciones, cada una de ellas, será más pequeña.”

La caja era en la metáfora de Deborah una pizza y el argumento matemático apuntado a justificar que está mal que se jubilen los que no aportaron porque achican las porciones de los que sí lo hicieron, parecía irrebatible.  Y – por cierto – es irrebatible en el campo de las matemáticas, aunque de ninguna manera en el de la política.

La entrevistada optó por repetir argumentos sobre la justicia de que se jubilen los que no pudieron completar los aportes que – aunque justos – no aclaraban la pregunta que refería a las dimensiones de la pizza y a la cantidad de gente que pretendía comer de ahí.

Temo que al desviarse del eje de la pregunta, Myriam Bregman desaprovechó la oportunidad de aclarar el gigantesco malentendido que los economistas que hablan en la tele inyectan día tras día en las preocupadas cabezas de los argentinos.   

Porque en realidad, el mito del tamaño de la pizza es el gran engaña pichanga que venden estos charlatanes de feria que analizan la economía como contadores de kiosco.

Yo quiero mi pedazo

Los Caputo, los Martín Guzmán, los Cachanosky, los Melconián, incluso los Sergio Massa – aunque en su caso hablaba poco de economía para no perder votos – pero mucho más que nadie los Javier Milei, hacen una religión del déficit fiscal que surge de restar los gastos públicos a los ingresos públicos, cuando lo gastos son mayores..

Ellos enseñaron en años y años de repetir eso por la tele, que el gran misterio de la economía es no gastar más de lo que entra.  Ahora, Deborah Kahan no hace otra cosa más que venir a simplificar aún más ese discurso berreta con su metáfora de la pizza.

Y digo berreta, porque el debate no es matemático sino político – “la política es economía concentrada” – así que los que dicen hay una pizza y chau, no dicen – ocultan – que lo que el país produce es mucho más que esa supuesta pizza que tendrían para compartir los ancianos argentinos, esconden que hay muchas otras pizzas que sus dueños no quieren compartir de ninguna manera.  

Es más fácil entender a qué me refiero con una simple pregunta para repreguntarle al vuelo a Deborah: ¿cuántas pizzas se morfa Galperín?  ¿a cuántas le entra Paolo Rocca o cualquiera de esos empresarios y banqueros llenos de plata?  

Imaginate nada más por un momento, la moto del delivery que lleva las pizzas del FMI, o las de los bonistas, o las de los financistas que disfrutan hoy mismo de la bicicleta financiera, llevándose un 40 o 50 % anual en dólares.

Los contadores de kiosco – esos economistas que piensan como contadores de kiosco – separan cuidadosamente una cosa de la otra: esta es la pizza que hay – dicen – y entonces tratan de convencer a los jubilados que laburaron en blanco y aportaron, de que si se sacan de encima a los que no aportaron, les va a tocar una porción más grande.  

Quieren poner a los jubilados desesperados – a los mismos a los que ellos le vienen robando – a pelearse por las migas, pero no hay que entrar en ese juego.

Encima ya sabés que si logran dejar a los que no aportaron sin pizza – y lo quieren hacer ahora con la ley Bases – te apuesto que las porciones que se ahorren se las van a llevar también ellos, igual que se llevaron el equivalente de 6 millones de celulares, los que se afanaron recortando el valor real de las jubilaciones.

Se van a querer llevar todo otra vez, como siempre, con todo y muzzarella.

¿Una pizza o una porcioncita?

Tratemos de desmenuzar el corazón de esta trampa que intenta confundir la parte con el todo, la porción con la pizza completa y empecemos diciendo que la pizza que ve Deborah es en realidad sólo un pedacito de la pizza.  

Veamos este asunto en términos del PBI argentino, o sea de todo lo que se produce en el país en un año y que vale más o menos 600 mil millones de dólares.  Como verás, está deprimido pero sigue siendo una “pizza” importante.

Los estados nacionales y provinciales se quedan de eso – vía impuestos – con más o menos una cuarta parte y de ahí, dedican más o menos una cuarta parte a todos los jubilados del país, que son unos 6 millones.  La cuarta parte de la cuarta parte te da algo así como un 6%, o sea que – voilà – ya no se trata de una pizza sino de un pedacito, de apenas un pequeño bocado.

Y es ahí donde la metáfora de Deborah empieza a hacer agua, porque no es una pizza de lo que hablamos sino de la porción finita con la que quieren conformar a los 6 millones de jubilados y por eso lo que hay que exigir antes que nada, es que ese pedazo se agrande, que dejen de achicarlo bajando jubilaciones y echando jubilados del sistema previsional.

Y agrandar lo que se asigna a los jubilados se puede.  Te van a decir que no, pero para poner un solo dato – porque hay muchos – digamos que la consultora Ecoviews cuenta que “en 2023 el total de entidades financieras acumuló ganancias por AR$ 4.40 billones (en pesos de diciembre-2023)”, lo cual equivaldría a unos 5.500 millones de dólares.  

Está claro que los problemas de los trabajadores – los cuales incluyen los problemas de los trabajadores jubilados – no se solucionarán sólo repartiendo mejor lo que se produce, está claro que hace falta pensar un país distinto porque el capitalismo es esto que ves y no da para mucho más.

Pero esa lucha contra este estado de cosas, empieza también por desarmar pieza por pieza estas mentiras que terminan engendrando ese “sentido común” que – bien mirado – no tiene ningún sentido, este pensar con la cabeza formateada por los versos que nos repiten y que nos llevan a ver visiones, por ejemplo, esta de ver una pizza donde hay menos de una porción que alguien ya cortó antes, que alguien ya decidió antes por dónde tenía que cortarla para quedarse con la mejor parte.

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