El cuarenta y ocho

Yo lo relojeo a ver si se estaba riendo y supongo que el Ciego se refiere a eso que repiten los forenses, eso de que los cadáveres te dan pistas. Pero no.

Una historia de amores chinos

La señora china era lo más importante de la amistad de los tres amigos que nunca tuvieron un desacuerdo para concertar las noches de visita en las que iba cada quien.

Una cuestión profesional

La verdad es que cada vez más me cuesta pensarla tirada en la calle, desarticulada como una muñeca sobre el blanco y el gris de la senda peatonal o respirando el último aire en la soledad de la terapia intensiva, abandonada y sola.

La puta casualidad

A lo mejor la historia no empezó hasta ese momento en que terminó. A lo mejor fue ahí, en su desenlace, en ese exiguo momento de confusión y de balazos, cuando tuvo sentido preguntarse los por qué y los cómo.

Yo se lo digo

Las cosas serán así -yo se lo digo y usted tiene que creerlo- y Cupido habrá sido reemplazado y su flecha será guiada por un chip y la felicidad será producida en serie en fábricas asépticas y amantes ideales esculpidos por computadoras de refulgentes lucecitas.

Parajoda

No le pareció para nada que lo esperara. La confusión y el desconcierto le parecieron tan reales como el que había sentido él mismo la tarde anterior, cuando había escuchado su voz en el teléfono saludándolo como si tal cosa.

Apuntes sobre la mutación de los triángulos

Quien se haya detenido con el suficiente tiempo y la necesaria paciencia a mirar y mirar un triángulo, ya habrá descubierto esa inevitable tendencia a mudar de forma, a cambiar lenta pero rigurosamente la tensión de los ángulos y por ende la dimensión de los lados opuestos.

Maniobra difícil

En la ruta uno nunca tiene problemas, es cuestión de seguir y seguir, pero después le aparece una curva como a mí y entonces es un problemón porque uno anda adormecido, aburrido, y parece que viene manejando el auto pero no.

Uno de Gigantes

Hay un choque de espadas bien arriba, allí a donde llegan los gigantescos saltos de las gigantes montas de los dos enamorados. Uno de gigantes para contarles a los mas chiquitos.

Esos departamentos de ahora

Ahora hay que limpiar el comedor que realmente parece un desván, cualquier cosa menos un comedor que uno espera que sea un lugar amplio como el que teníamos en casa cuando vivía el viejo.