El único nombre
Oficinista de la muerte, me dijo una vez, y yo ¿qué iba a hacer? ¿me iba a agarrar a trompadas con el esposo de Mabel? Así que me quedé callado y me fui alejando despacito.
Miguel Espinaco – Cosas para leer
Cuentos, poesías, escritos breves y demases

Oficinista de la muerte, me dijo una vez, y yo ¿qué iba a hacer? ¿me iba a agarrar a trompadas con el esposo de Mabel? Así que me quedé callado y me fui alejando despacito.
En el cuentito que cuentan los economistas que salen por la tele, con trabajo y con honestidad la economía crece. Habría que aclarar aquí que siempre de lo que se habla es de trabajo barato, porque estos discursos incluyen siempre aquello de que hay que ajustarse el cinturón para que cuando todo mejore la riqueza...
La discusión sobre la cantidad de desaparecidos deviene estéril, porque las víctimas de la dictadura fueron millones.